Cuando apetece caminar junto al agua sin renunciar a un paisaje auténticamente canario, el Barranco de los Cernícalos es una de las opciones más completas de Gran Canaria. La ruta combina cascadas, bosque de ribera, antiguos canales y un sendero sencillo en su tramo principal, aunque el terreno cambia bastante cerca de las zonas altas. Aquí explico cómo llegar, cuánto dura, qué dificultad tiene y qué precauciones conviene tomar.
Una ruta de agua y bosque que conviene recorrer sin prisas
- Ubicación: entre Telde y Valsequillo, con acceso habitual desde Los Arenales.
- Distancia: alrededor de 7 km ida y vuelta hasta la cascada de dos niveles.
- Duración: unas 4 horas contando paradas y fotografías.
- Dificultad: baja-media en el recorrido acondicionado, con tramos resbaladizos.
- Precaución principal: no recomiendo continuar más allá de la cascada final señalizada si el terreno está erosionado o mojado.

Qué encontrarás en este barranco de Gran Canaria
El cauce se extiende entre los municipios de Telde y Valsequillo y forma parte de un entorno natural protegido relacionado con la Reserva Natural Especial de Los Marteles y el Paisaje Protegido de Lomo Magullo. Su particularidad más evidente es el agua, poco habitual en una isla donde muchos barrancos permanecen secos durante buena parte del año.
El sendero avanza entre sauces canarios, acebuches, helechos, retamas y tajinastes. La vegetación crea sombra y una sensación de frescor que se agradece, sobre todo en los meses cálidos. A mí me parece uno de esos lugares donde el paisaje no se contempla desde un mirador, sino que se descubre paso a paso, siguiendo el sonido del agua.
También aparecen huellas de la antigua cultura hidráulica de la zona, como acequias, galerías y construcciones vinculadas al reparto del agua. No son simples elementos decorativos. Ayudan a entender por qué este pequeño corredor húmedo ha tenido importancia natural y agrícola durante generaciones.
La ruta habitual desde Los Arenales
El itinerario más popular comienza en el área recreativa de Los Arenales, también conocida como Adolfo Santana. Desde allí se camina primero por una vía hormigonada entre viviendas y, al final, una señal de madera marca la entrada al sendero de tierra que sigue el cauce.
| Tramo | Qué encontrarás | Referencia aproximada |
|---|---|---|
| Los Arenales hasta el cauce | Camino corto junto a la zona residencial y entrada al barranco | 500 m, unos 15 minutos |
| Ascenso por el cauce | Acequia, vegetación de ribera, pequeños saltos y charcas | Alrededor de 3 km |
| Zona de las cascadas | Cascada de dos niveles y punto habitual de regreso | Unas 1 h 45 min desde el inicio del tramo principal |
| Regreso | El mismo camino en sentido contrario | Entre 3 y 3,5 km según el punto alcanzado |
Las cifras pueden variar ligeramente según el track elegido, las paradas y el estado del sendero. Para una primera visita, yo calcularía 4 horas sin correr y reservaría margen adicional si se va con niños o se quiere observar la flora con calma.
La primera parte resulta bastante llevadera. Poco a poco, el camino se estrecha y obliga a pasar junto al agua, superar piedras y prestar atención a raíces y superficies húmedas. El objetivo más razonable es la cascada de dos niveles, donde termina el recorrido acondicionado que suele realizar la mayoría de los senderistas.
Por encima existen otros saltos de agua, pero el terreno está más erosionado y puede exigir trepar por roca, utilizar apoyos o superar pasos expuestos. Aunque algunas descripciones antiguas presentan la ruta completa como sencilla, mi criterio es claro: la parte alta ya no debe tratarse como una excursión familiar, especialmente después de lluvias.
Cómo llegar y elegir el mejor momento
Desde Telde hay que tomar la carretera GC-131 en dirección a Lomo Magullo. Después de pasar la plaza del núcleo, se continúa unos 400 metros y se gira a la derecha hacia Los Arenales por la GC-132. El área recreativa funciona como referencia práctica para localizar el inicio y dejar el vehículo.
Conviene llegar temprano, sobre todo en fines de semana y festivos. La ruta recibe bastante afluencia y el aparcamiento puede llenarse, mientras que los pasos estrechos junto al agua se disfrutan mucho más cuando no hay grupos detenidos. Yo prefiero empezar a primera hora y evitar las horas centrales del día.
El cauce puede llevar agua durante todo el año, pero las cascadas suelen ganar fuerza después de varios días de lluvia. Esa misma lluvia puede convertir el sendero en una sucesión de piedras barrosas y muy resbaladizas. Antes de salir, compruebo la previsión meteorológica y cualquier aviso local sobre el estado del camino, porque un barranco puede cambiar bastante tras un temporal.
Equipo y seguridad para caminar junto al agua
El calzado es el factor que más diferencia una visita agradable de una mala experiencia. Llevaría botas o zapatillas de senderismo con suela adherente, no calzado urbano. Las sandalias abiertas y las zapatillas lisas ofrecen poca protección cuando toca cruzar piedras mojadas o caminar sobre tierra húmeda.
- Llevar entre 1,5 y 2 litros de agua por persona, además de algo de comida.
- Usar protección solar, aunque buena parte del recorrido transcurra bajo los árboles.
- Guardar el móvil en una funda resistente al agua y no depender únicamente de la cobertura.
- Evitar saltar entre rocas o acercarse al borde de las cascadas para hacer fotografías.
- No continuar hacia El Cañón ni hacia los pasos superiores si el suelo está mojado o no se tiene experiencia.
- En caso de emergencia, llamar al 112 e indicar que se está en el entorno de Los Arenales y el cauce de Los Cernícalos.
Hay una diferencia importante entre visitar las pozas y bañarse en ellas. Yo no doy por hecho que todas sean adecuadas para el baño, porque el caudal, la profundidad y la calidad del agua pueden cambiar. Además, entrar en el cauce aumenta el riesgo de resbalones y puede afectar a pequeños organismos y plantas que viven en ese ambiente.
Tampoco conviene caminar pegado a la base de las paredes naturales. La humedad, la erosión y la caída ocasional de piedras son riesgos difíciles de valorar a simple vista. En este paisaje, avanzar hasta donde el terreno lo permite es una decisión más sensata que intentar completar cada salto de agua.
Qué observar durante el recorrido
El sauce canario, conocido localmente como sao, es uno de los protagonistas de la ruta. Necesita humedad constante y forma pequeñas masas de vegetación junto al agua. Si se camina despacio, también se distinguen helechos, acebuches, retamas y otras especies adaptadas a este microclima.
La fauna suele dejarse ver de manera discreta. Es posible escuchar aves antes de localizarlas, entre ellas el cernícalo que da nombre al barranco, además de especies vinculadas a las zonas de matorral y ribera. Yo recomiendo bajar el volumen de la conversación en algunos tramos: el silencio permite apreciar mucho mejor el movimiento del agua y los sonidos del bosque.
Para quienes disfrutamos de la micología, la humedad y la materia orgánica del suelo pueden resultar interesantes, especialmente tras las lluvias. Aun así, no recojo setas ni otros ejemplares. En un espacio protegido, observar, fotografiar y dejar cada elemento en su sitio es la forma más respetuosa de acercarse a la naturaleza.
También merece la pena fijarse en los cambios del paisaje. El inicio tiene un carácter más abierto y humanizado, mientras que el tramo junto al cauce se vuelve frondoso, oscuro y estrecho. Esa transición explica buena parte del encanto de la excursión, que no depende de una gran panorámica, sino de la suma de detalles pequeños.
La mejor experiencia termina donde empieza el terreno comprometido
Yo elegiría esta ruta para una mañana tranquila de senderismo, con calzado fiable, salida temprana y tiempo suficiente para detenerme junto a las cascadas. El recorrido hasta la cascada de dos niveles ofrece el mejor equilibrio entre belleza, esfuerzo y seguridad.
La clave está en no confundir una ruta popular con una ruta completamente fácil. El tramo principal puede ser accesible para muchas personas, pero la humedad, las piedras y la erosión obligan a caminar con atención. Si respetamos el cauce, evitamos dejar residuos y damos la vuelta cuando las condiciones empeoran, el barranco conserva precisamente aquello que lo hace especial: agua, sombra y una naturaleza sorprendentemente viva en el corazón de Gran Canaria.